Si los estudiosos Mojes Taoístas, los que desarrollaron las teorías del yin y el yang o del qi, levantaran la cabeza, se rascarían sus calvas y se dirían y ¿ahora qué?

Sus teorías estaban basadas sobretodo en la idea de que las energías de la Naturaleza (frío, calor, viento, humedad y sequedad) eran las culpables de los desequilibrios energéticos. Y se encontrarían que ahora tenemos buena ropa de abrigo, aire acondicionado y alimentos para muchos y aun así enfermamos. O nos desequilibramos energéticamente, como dirían ellos. Pero, aunque de sus elucubraciones ya han pasado más de 3.000 años, también fueron capaces de valorar el poder de las emociones. Y si, sus teorías siguen siendo válidas y muy útiles por lo simples y contundentes que son.

Así que cómo la mayoría de mortales ya no trabajamos en el campo, no nos pasamos 12 horas al día laborando bajo un sol de justica o sufriendo un viento helado en los riñones, ¿por qué nuestro organismo se sigue quejando? No os penséis, tenemos unos cuantos culpables más por si las moscas. Pero el más importante a día de hoy son las emociones. Estas, en exceso, mal tratadas, se vuelven patológicas o  ¿es que nadie suda más de la cuenta un día de examen? Y no es por el calor, si no por alguna emoción alterada…

Las emociones, en su justa medida, son imprescindibles. El miedo hace que no salte por la primera ventana que veo, pero en exceso va a provocar que no me mueva. Por ejemplo, el miedo a volar hace que limite mi capacidad de viajar. O la tristeza, después de la muerte de un ser querido es normal, necesaria. Hay que llorar esa pérdida. El problema está en que se nos quede dentro, si volvemos a ella una y otra vez. Al final nos afectará y el organismo empezará a dar señales cómo insomnio o pérdida de apetito, por poner un ejemplo.

Los terapeutas emocionales cada día más se encuentran que algunos dolores físicos tienen su nacimiento en una emoción no tratada. Y es interesante que los terapeutas manuales también tengan en cuenta esa posibilidad para ampliar su rango de actuación. Para unos y para otros disponer de herramientas, que como mínimo muevan o diluyan emociones enquistadas van a favorecer su trabajo en consulta. Y no sólo los taoístas lo vieron, en los años 80 del siglo pasado, en las universidades californianas estudiaron a fondo el uso de la auriculoterapia con esos fines. En un principio, para acompañar en los procesos de deshabituación de drogas. Pero a medida que profundizaban en la práctica se dieron cuenta, como los chinos 3.000 años antes, del poder de lo somático sobre las emociones. De cómo, estimulando puntos en la oreja se conseguían cambios extraordinarios. Así, hoy en día, las técnicas energéticas, entre ellas la auriculoterapia, se utilizan como apoyo para tratar bloqueos o desequilibrios emocionales. Puede que los Mojes Taoístas, una vez visto que el fruto de su trabajo sigue estando vivo, se mirarían entre ellos con un punto de satisfacción y se volverían al lugar que les corresponde.







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